¿Nos disfrazamos por diversión o por la necesidad de sentirnos como otros?

¿Nos disfrazamos por diversión o por la necesidad de sentirnos como otros?

La personalidad de la población española destaca mucho por encima del resto. Y es que tenemos una manera de vivir que nada tiene que ver con muchas de las personas de otras nacionalidades. En España tenemos un carácter mucho más divertido que la media de los habitantes de esta Tierra. Y eso nos diferencia del resto… para bien, por supuesto. Desde luego, a nadie le cabe la menor duda de que todo eso se termina traduciendo en nuestras calles, en nuestras fiestas y, en definitiva, en todo lo que tiene que ver con nuestra felicidad y alegría.

Hay muchas maneras de divertirse y de hacer que una sociedad respire alegría por los cuatro costados. Una de ellas, una de las mejores desde nuestro punto de vista, es la de disfrazarse. Los españoles, hace algunos años, solo nos disfrazábamos cuando llegaba el Carnaval. Eso sí, lo hacíamos realmente bien porque es una festividad que se vive muy profundamente en nuestro país. Pero hemos ido aprovechando más excusas para disfrazarnos: llegó Halloween y nos empezamos a disfrazar. Y, después, en las despedidas de soltero. Cualquier momento es bueno para disfrazarse, ya hemos visto que es algo que denota alegría.

Fijaos en una noticia que fue publicada en el portal web de El Faro de Melilla. En ella se indica que Halloween ya es una fiesta para todos. Y hace no demasiado tiempo había bastantes personas que eran escépticas con esta fiesta, que creemos que viene importada desde un país como lo es Estados Unidos pero que en realidad es mucho más nuestra de lo que solemos llegar a pensar (ya que, en la Edad Media, ya se celebraba en España). Ahora, eso sí, a todos y todas nos gusta Halloween.

Hemos querido saber por qué nos disfrazamos y hemos encontrado una respuesta en un artículo que fue publicado en la página web de Navarra Información. La verdad es que tiene mucho que ver con la psicología, con el ponerse en la piel de otros y conocer cómo pueden llegar a sentirse. Es un ejercicio que, si lo pensamos bien, es de empatía. Y eso habla muy bien de nosotros aunque utilicemos los disfraces para pasarlo lo mejor posible durante una noche o durante varios días. De hecho, el artículo pone de manifiesto un interrogante: ¿nos disfrazamos por placer o por necesidad?

Hemos querido saber qué opinan los especialistas en disfraces de nuestro país acerca de si el ser humano utiliza esos trajes por placer y disfrute o por la necesidad humana de conocer cómo es el pensamiento del sujeto del que nos estamos disfrazamos. Los profesionales de La Casa de los Disfraces, que llevan años vendiendo trajes de todo tipo para fiestas como el Carnaval o Halloween, nos han comentado que, a su juicio, la respuesta no puede ser contundente: hay algo de las dos partes en la respuesta. Y es que nos parece cierto que, aunque creemos que solo nos disfrazamos para pasarlo bien, también lo hacemos por la necesidad de sentir empatía hacia otras personas.

Nos da vergüenza admitirlo

Hemos dicho en el primer párrafo que los españoles nos caracterizamos por una alegría de la que no disponen las personas de otros países y hemos hablado de los disfraces para ejemplificarlo. Pero hay otra cosa que está clara: en lo que respecta a la empatía y a esa necesidad de sentirse como otra persona, lo cierto es que nos da vergüenza, en líneas generales, reconocer esa necesidad humana. En eso creemos firmemente que la gente de otros países nos lleva bastante ventaja.

Tenemos que comprender que no es en absoluto malo el sentir empatía por los demás. Los españoles somos un pueblo hospitalario, lo que nos convierte de manera automática en gente que siente esa empatía de la que venimos hablando. No cabe la menor duda de que eso nos convierte en lo que nosotros llamamos “buena gente” así que, ¿por qué nos escondemos cuando tenemos que reconocer que nos gusta disfrazarnos para sentirnos como otra persona? Por suerte, eso ya no constituye ningún tipo de delito en nuestro país. En su juventud, nuestros abuelos y abuelas no pudieron decir lo mismo.

Está claro que tenemos que seguir disfrutando de cualquier oportunidad que tengamos para disfrazarnos. Y es que es algo que no tiene nada de malo, se mire por donde se mire. La gente es feliz haciéndolo y, además, no le hacemos daño a ninguna persona mientras lo hacemos. En un mundo en el que la barbarie caracteriza a muchas personas en diferentes lugares, tenemos que tener claro que un disfraz nunca puede ser un motivo de tristeza o de supresión de libertad.